(Ésta es la continuación de Diferentes días estándar (I))
Día estándar tipo 2:
La noche anterior dejé el despertador puesto para las 9 de la mañana, porque quedé para ir a la playa temprano. Por desgracia, para levantarme a mi hora dejé la persiana abierta, y a las 6 de la mañana me despierto por la luz. Me vuelvo a dormir, y cuando suena el despertador me levanto.
Buf, pero si éste va a llegar tarde seguro, para qué me levanto ahora.
Desayunaré algo. Una ciruela estaría bien, sí. Y un vaso de leche, y estas palmeritas de aquí. Y lo hago, claro.
Al terminar, me pongo a hacer la mochila para ir a la playa: veamos, tengo que meter... una toalla. Ya está. Ahora me toca a mí: bañador, chanclas, crema... qué difícil es llegarse a la espalda. Pero mi padre me echa el triple de lo necesario, así que lo haré yo. Sí, es lo mejor. En esta selva de las piernas es difícil extenderla. Pero por fin he terminado... y se acercan las diez. Ahí es cuando recuerdo que tenía que llamar al señor Ulibarrena para recordarle que tenía que haberse levantado hacía tiempo. Suenan un par de tonos y me dice que lo he despertado. ¡Cogeré el bus a las 11!, dice. Vale, le respondo. Intercambiamos unas cuantas críticas y cuelgo.
A las once... y qué puedo hacer mientras tanto...
Ya sé, pondré la tele. Qué complicado es este mando nuevo. Cambia dos canales de golpe, ¡pero si yo sólo he pulsado una vez! A ver dónde han metido la Fox ahora estos de R. Antes estaba en el 16. Bueno, no me apetece buscar, me quedaré viendo esto. Pokémon, vaya. ¿Por qué los malos siempre pierden? No se lo merecen, hacen planes perfectos, y los buenos siempre les ganan por pura suerte. ¡Pero si estaban a punto de atrapar a Picachu, por qué aparecen esos ahí! ¡Dejad que lo consigan de una vez!
En fin, cambiaré. No, mejor iré a ver qué se cuece por menéame.
Enciendo el ordenador, abro mi Firefox 2 a mucha honra, ya instalaré el tres en otro momento, pienso; y entro en mi correo, borro el spam, entro en mi blog, lo dejo ahí, miro menéame: un hombre aparca el coche en un aparcamiento y se lo roban dejándole un post-it en el suelo "esto por aparcar aquí". El primer comentario dice que se lo merecía, por aparcar el coche en un aparcamiento. Pues vaya, esto cada día está peor, no podemos seguir así. ¡No, no debo pensar eso! Si los de menéame son idiotas, tendría que dejar de leer esta basura amarillista. El color naranja es por algo. Mejor escucho música. A ver qué tengo en Mis archivos recibidos, pienso. Ah, no, no hay tiempo, ya son las 11:40... pero el señor Ulibarrena aún no me ha dado un toque. Esperaré un rato y me iré. Mientras espero, pongo una canción de Offspring de mi escritorio y miro el correo otra vez. Las 11:50, las 12... ¡Pero este se ha vuelto a olvidar de darme un toque cuando llegase o qué! Lo llamaré.
Acabo de coger el autobús, me dice, hace veinte minutos. ¡Pero si lo ibas a coger a las 11! Ya, pero ya me conoces, cuanto más lo intento peor me sale. Y una leche, pienso yo. Entonces, salgo de casa y voy al hábitat, donde, en cinco minutos, lo veo llegar.
Vamos caminando hasta la playa mientras hablamos. Te tengo que pasar la serie del tren, dice. Vale, pero espero que esté terminada y que no la alarguen indefinidamente. Eeh... bueno, es que no se puede decir que tenga principio o final. Hmm... en fin. ¡Ah! Y me olvidé de traerte el libro. Yo también me olvidé de traértelo, le digo.
Cuando llegamos a la playa, estiro mi toalla, miramos al mar. No hace viento, se está bien. Nos tumbamos. Seguimos hablando un rato. Por suerte, tenemos un pacto de no arrojarnos arena entre nosotros.
Doy una vuelta sobre mí mismo y me quedo boca abajo. Me aburro, ¿nos vamos a bañar? Vale. Parece que no hay algas. Anda, métete más despacio. Baaaaaaah, me responde. Yo cojo agua con las manos, me la echo sobre los hombros. Ya no parece tan fría. Me meto. Estamos un buen rato, mientras hablamos de algo, y nos dejamos llevar por alguna ola.
Finalmente, salimos del agua. A saber qué hora será. ¡Tengo que coger el autobús!, dice el señor Ulibarrena. No te preocupes, puedes comer en mi casa. No, es igual. ¡Ah! ¡Las dos menos cuarto! ¡Me voy corriendo! Bueno, corre. Y se va.
Yo vuelvo entonces para mi casa, paso por delante de la estatua del Ché que han construido, y parece que ya le han limpiado la pintura que le tiraron.
Sin más novedad, llego a casa, me ducho y como.
Bueno, ¿y ahora qué hago? Me conectaré al messenger. No hay nadie. A estas horas supongo que es normal. Pero entonces, ¿qué hago aquí? Leeré Microsiervos. Vale, un par de citas graciosas y luego textos demasiado largos. A ver, leamos las citas... "La metáfora es una metáfora". Pues vale, las he leído mejores por aquí. A ver este texto de aquí. ¿Pero esto no es demasiado aburrido? ¿Mejoran las imágenes de Google Earth y me escribís tres párrafos sobre eso? Vale, en fin, será mejor que mire si han escrito algo en CPI. No, vale. A ver en Malaciencia. ¡Sí! Veamos... Para, ¿tres párrafos hablando de una serie y luego unas líneas sobre mala ciencia en ella? Bueno, a ver qué hay en Ciencia de Bolsillo. Vaya, parece interesante. No me apetece leerlo, ya lo haré.
Debería escribir algo en mi blog. Quizá más tarde. No se me ocurre nada, necesito responsabilidad. Necesito que me ocurra algo. Se me agota la imaginación durante el verano. Me aburro. A ver, ¿qué hago? Debería ir a correr. Vale, a las 18:00 voy. Qué hora será... son las 17:30 todavía, me prepararé.
Busco mi camiseta roja, mi pantalón azul. Me calzo. Vale, ya estoy, pero aún son las 17:45. Miraré menéame. Vaya, estos japoneses sí que hacen cosas interesantes.
Comeré una ciruela antes de ir. ¿Cuántas llevo hoy? Me van a doler los dientes como siga así. Saldré a correr ya.
Estiraré un poco antes aquí delante. Vale, empiezo a correr ahora y cuando llegue al paseo del Burgo estiro bien del todo.
Es duro empezar cuesta arriba. ¿Voy al Burgo o a otro sitio? Bueno, voy al Burgo como tenía pensado. ¿Por qué me miran todos? A ver si está dormido el perro éste. Sí, no me ladra. Tengo que ir de una vez a la biblioteca a coger algún libro. Ya iré mañana.
Si me olvido de que voy corriendo, no me canso, me digo a mí mismo. ¡Pero si acabo de empezar! Debo dejar de pensar en esto. Como odio ir solo a correr. ¿Debería echar el aire por la boca o también por la nariz? Voy pisando muy fuerte, me van a doler los pies. Y las rodillas. Parece que vaya viejo. El viento me hace peinados raros. Con el pelo largo no me pasaba tanto. Qué mal me mira éste de aquí, pienso mientras estoy cruzando el puente. Y éste también. Qué pasa aquí. Bueno, bajaré por esta rampa. ¡Dejad de mirarme mal! ¿Será cierto que si me freno al bajar hago más trabajo? Parece lógico. Bueno, paro aquí para estirar, y me paro.
Como soy muy desconfiado, cuando dejo las llaves encima de una piedra pienso... espero que no las cojan. Miro para atrás cuando pasa alguien caminando por si se acerca a la piedra. Soy un paranoico. Empujaré este muro para estirar. Me pregunto si pensarán que estoy haciendo el tonto. Seguramente. Debería seguir corriendo. Tengo que acabar de estirar. ¿Me estaré poniendo excusas para correr menos? No, tengo que estirar bien. No debería ponerme excusas. Acabaré de estirar. Bien, en diez segundos empiezo, 9, 8, me pregunto si esos con gafas de sol me mirarán todos, 7, 6, 5, 4, ¡la ría no huele mal!, 3, 2, si piso baldosas negras siento el pie diferente, 1, 0. No me he olvidado las llaves, y hago un ruido con ellas. No hay nadie a quien adelantar. Bien. No me gusta hacerlo. Si luego me vuelven a adelantar pensarán que me he cansado ¡y no es así! Si voy solo corro demasiado rápido, y me canso antes, pienso. Pero si voy más despacio me parece que voy muy despacio. No me gusta correr solo. Recuerdo cuando traje el mp3 viejo y dejó de funcionar por el sudor. Estoy empapado ya. Venga, que ya estoy terminando. ¡Pero si acabo de empezar! Voy a dejar de pensar en eso. Aún queda mucho. Voy a dejar de pensar en eso. No me acordaba de esta curva. Me pregunto dónde estará ésa donde huele mal la ría. Ah, ya sé. Aún queda un rato. Qué despacio va ése de ahí. Si le dijese que lo seguía seguro que corría más. Mejor no. Ya estoy terminando. Seguro que ésa lleva al perro a correr para ir despacio. Si dejase de pensar tonterías. ¿Unas carpas blancas? ¿No sé qué de deporte? ¡Pero por qué ponen música! ¡Qué será de mi ritmo! Menos mal que estoy terminando. A quién se le ocurre poner eso ahí... Las escaleras, de dos en dos.
Y, para cruzar la calle, levanto un brazo por si no me ven. Veo una fuente con una concha de vieira y esas cosas del camino de Santiago, y me pongo a estirar cerca. Debería seguir corriendo. Esto es una excusa para descansar. No, debo estirar bien. ¡Eh, tú! ¡No te abras de piernas!, me grita un chaval. Se carcajean mientras estiro. Reíd mientras podáis, felices niños de instituto. En Santiago siempre descansábamos un rato. Sí, tengo excusa. Pero es una excusa. Mejor voy a beber un poco y luego sigo. Sí. Si me apoyo aquí podría romperlo. ¿Si lo rompiese yo me echarían la culpa? Mucha más gente se ha apoyado antes. No podrían echarme a mí la culpa, yo sólo fui el último. Está algo caliente. Este grifo no está centrado. O sí. No lo parece, o sí lo parece. Esta fuente es imposible.
Y entonces sigo corriendo. Tengo que subir una cuesta bastante empinada antes de ir hacia mi casa, pero lo hago.
Si no pusieran estas vallas aquí no tendría que esquivar coches. Menos mal que ya se acaba. Cruzaré aquí. Un Opencor. En fin. Si estos me dejasen pasar. parecen felices. ¡Apartaos!, pienso. Por fin me ven y puedo dejar de dar botes sobre mis pies. Sigo corriendo. Ya sólo queda volver a casa. Es más de lo que parece. Hay muchos coches, voy a tragar humo. Iré por detrás de esto. ¡Pero no voy a bajar tanto! No, no quiero subirlo luego. Seguiré por aquí. Menos mal que me ha visto ése. ya queda menos. Otra bajada. Iré por la hierba.
Por fin, subo y me dirijo a casa. Me paro en el semáforo antes de cruzar la nacional y sigo andando. Voy al supermercado, compro un aquarius. Como es una sensación indescriptible beber en esas circunstancias, no sé cómo escribir sobre eso.
Subo las escaleras, llego al portal, abro, subo más escaleras. Buf, 16. Cuando me pregunten por mis costumbres, pondré que siempre cuento las escaleras y que las subo de dos en dos. Pero nadie pregunta eso, pienso. Entro en casa. ¡Hola! Digo. No hay nadie.
Entro en la ducha. El calentador no funciona, así que tengo que ir a darle a algún botón. No sé a cual, pero parece que al darle al "+" se aumenta la presión. En las instrucciones pone que es la temperatura. A ver si en este sol de aquí. Sí, ya funciona. ¿Desde cuando se mide la temperatura en "bar"? Bueno, las 19:30. 20 minutos estirando, una hora más o menos. Está bien. Correr solo es aburrido.
Entro de nuevo en la ducha. El champú naranja. Cuando me independice lo compraré yo...
Y aquí voy a terminar esta historia, pues después de media hora en la ducha deperdiciando agua (soy culpable), salgo y el día continúa desde las 20:00 hasta la 1 como si fuese un día estándar 1, a menos que sea un sábado o domingo, que puede que vaya al cine o algo así. Mi vida es demasiado aburrida, mis cero lectores, sobre todo durante el verano. Tenéis que ayudarme. Sí, definitivamente sí.
martes, julio 15, 2008
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3 comentarios:
Mejor frase del blog:
si piso baldosas negras siento el pie diferente
xDDDD
Buenísima
Teniendo en cuenta que es un día estándar tipo 2... ¿en todos los días estándar tipo 2 hay chavales de instituto metiéndose contigo?
¿Qué serie de qué tren? :S
Fracasados como NOSOTROS, Brais... Quizas invente un nuevo tipo de spam, tengo que patentarlo antes de que te me adelantes. Perdona la ausencia de acentos pero en Austria no se estila eso de poner cosas en las vocales, salvo las dieresis.
Saludos!
Y el ninja escondido en el armario? Y el albanokosovar loco que te asalto rajando con un cuchillo la cortina de la ducha? Si omites todos los detalles interesantes nadie va a leerte tio. Deberías aprender de Charles Foster Kane http://youtube.com/watch?v=tzhb3U2cONs
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