(Como ésta es la continuación de Crónica de un viaje perfecto (II), le recomiendo, no-lector, que pase primero por allí)
Me desperté con un uchasño snito slusando el chumchum del tren todavía. No había sasnutado en toda la naito y me sentía snufo. Criché a la ptisa que crocaba en la puerta que parase. Pero por fin el tren estaba en Madrid.
Me puse los platis y gulé fuera de aquella vesche calosa de cama y de tren.
Mi drugo Daniel estaba por aparecer así que spaté odinoco unas horas con el meselo de que esos prestúpnicos no iban a crastar mis vesches.
Cuando desperté, me sentí verdaderamente joroschó, pero mi drugo no estaba allí.
Esperé un malenco más y lo videé llegar por fin en el caloso tren. El svuco y el vono a humo llenaron la estación. Pero me encontré por fin con él.
Nos intercambiamos unos slovos antes de proponerle goborar sobre lo que hacer en la naito, la bolche naito.
Nos varitamos para itear a la calle y spatar en un banco. Lo hicimos hasta la hora de cenar. El grasño y chumchumoso día había pasado, y la bolche naito era nuestra. Crastamos algo que comer e iteamos a un bar, donde unas starrias bábuchcas piteaban chai con leche. Scasamos al veco de la barra que les sirviese lo más caro que tuviese, y pagamos el dengo.
-Qué buenos chicos, ¡si todos fuesen como vosotros! ¡Pero qué buenos chicos! -decían esas starrias vonosas.
-Hermosas damas, tendrán que prometernos que dirán que estuvimos aquí toda la noche.
-Qué buenos chicos, vosotros estuvisteis aquí toda la noche, chicos.
Y nos marchamos de aquel bar. Videamos un pianitso en el suelo eructando blerp blerp, al que crastamos el poco dengo que tenía. Nos maldijo spugo con la golosa ronca y seca. Goboró de un mundo sin ultraviolencia y nos echó la culpa a los nadsat de sus problemas, ese veco vonoso borracho. Así que lo tolchocamos joroschó en la golobá con la noga. Smecábamos cuando videamos algunos subos cracados. El crobo rojo rojo le corría por el litso y la schiya.
No dejaba de crichar, así que le tolchocamos las quischcas con la britba y nos marchamos.
Iteamos un malenco hasta una calle oscura donde crastamos un auto con combustible bastante. Daniel no estaba seguro de hacer aquello. Yo smequé ja ja ja y lo hice subir al auto. Íbamos a las afueras.
Yequé yo y Daniel fue detrás smotando la brillante Luna.
-Me gustaría saber qué hay allí.
-Vamos, si eres un glupo brachno -goboré yo- no pienses en eso.
Llegamos a una aldea o un pueblo o la vesche que Bogo goborara. Bajé del coche y mi druguito se quedó mientras yo iteaba a una puerta y clopaba con la ruca.
Una sladquina golosa se slusó del otro lado, así que criché fingiendo necesitar ayuda ouch ouch. La débochca abrió la puerta incauta, Daniel se acercó joroschó furtivo, la scvatamos y entramos.
Iteamos tolchoqueándola hasta lo que parecía una habitación, donde había un ordenador.
-Vaya vaya -goboré suavemente- dactilografiando un fotolog brachna ptisa glupa.
Y entonces le arrancamos los platis con ultraviolencia y le aplicamos el viejo unodós-unodós por turnos.
La débochca crichaba que era normal, pero seguí aplicándoselo con ultraviolencia mientras Daniel me leía el título "la_nenitah_" y smecaba ja ja ja.
Slusamos de repente el auto de los militsos, que buscarían el auto crastado, y nos varitamos para escapar. Yecamos el auto hacia Madrid para itear al bar, donde aquellas starrias bábuchcas vonosas continuaban piteando.
-¡Qué buenos chicos! ¡Estuvisteis aquí toda la noche!
Pero entonces los militsos entraron en el bar y una ptisa militsa disparó su puschca contra nosotros sin goborar slovo. Ya nos conocía. Era Carmen.
Parecía que la inútil scolivola la había llevado a entrar en los militsos, y ahora nuestro crobo rojo rojo brillaba en el suelo ante la smecante militsa.
-Malditos adolescentes. Os espera una buena temporada de correccional.
Nota: obviamente esto es una imitación barata de La Naranja Mecánica.
viernes, marzo 21, 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
2 comentarios:
Ah, mi drugo Brais... Eso me recuerda a aquellas noches en las que tolchocábamos a los starrios de la ciudad...aun así a la historia le falta la ultraviolencia de los pwang y los blam para ser un relato verdaderamente joroschó...
Mmmh (hmmm) me gustaría poder haber leído esta tercer parte como dios manda XDD y no teniendo que discifrar palabras..."débochca"? que puñetas es eso!!
Saludos!
Publicar un comentario en la entrada