Sea el viernes 14 de marzo. Voy al cine a ver 10.000 A.C., pero, antes, decido que es buen momento para llamar por teléfono a Daniel y a Carmen para concretar un par de cosas sobre el viaje que yo haría hasta Madrid.
Como todo marchó sobre ruedas, Daniel me dijo que lo óptimo sería que fuese hasta allí el martes, porque le había hecho a Andrea la siguiente pregunta:
-¿Están todos los museos cerrados el lunes?
A lo que le respondió ella:
-Sí.
Por suerte, Carmen dijo que estaría el martes y el miércoles, así que todo quedó fijado en principio.
Después de salir del cine, llamé a mi padre, quien me confirmó que había billetes disponibles en el Talgo del lunes por la noche para la ida, y en el del miércoles para la vuelta. Así que llegaría a Madrid a las 7:45 del martes y saldría a las 22:30 del miércoles. Excelente.
Pasaron el sábado y el domingo. Llegó el lunes. Ese día lo pasé en casa "por si las moscas", pero todo marchó como debía. Preparé mi mochila, mi madre me dijo que llevase la chaqueta granate que me queda tan bien y con la que salgo en tantas fotos; metí un bocadillo, galletas y los bombones que guardé de la navidad, entre otras muchas cosas... y salimos para la estación.
Allí subí al tren y descubrí que en mi compartimento no había nadie más que yo. Toda una suerte, iba a poder estar tranquilo. Además, el interventor me dijo que no se subiría nadie durante el trayecto. Aun así, coloqué mi mochila debajo de la almohada y me acosté sobre ella.
Dormí como un gato cuando no está panza arriba. Es más, cerré los ojos al apagar la luz, y lo siguiente que ocurrió fue que eran las 7:15 y estaban llamando a mi puerta para decirme que debía levantarme.
Por fin en Madrid. El tren llegó diez minutos antes de tiempo, los cuales aproveché para comerme un plátano que había metido junto con la cena el día anterior en la mochila.
Como todavía quedaban dos horas para que llegase Daniel, decidí dar un paseo hasta las torres Kio. Caminé unos diez minutos hasta ellas escuchando Queen, y, a la vuelta, mientras escuchaba Después de volver de las torres Kio, lo apagué.
A las 9:30 me encontré con Daniel, al que fui a esperar al andén. Parecía tenerlo todo planeado: iríamos al museo de ciencias naturales después de llamar a Carmen... y así hicimos.
Llamé a Carmen, quien respondió tras un par de tonos, y quedamos en el museo a las 10:30.
Para llegar allí, cogimos el metro hasta Nuevos Ministerios y bajamos caminando. Ella llegó cinco minutos después. Nos alegramos de poder verla de lejos, pues venía de naranja. Los tres coincidimos en que llevábamos los mismos tenis que en la ocasión anterior.
Como no había cola para pasar al museo, entramos a la hora prevista. Pagamos las entradas, con descuento por tener carnet de estudiante, y vimos lo que estaba expuesto. Daniel se dio cuenta de que los animales le interesaban, y atendió a las discusiones entre Carmen y yo sobre tentáculos, pinchos, diversos pájaros, harpías, marsupiales, faltas de ortografía...
Después de terminar de ver los meteoritos expuestos en el mismo museo, continuamos con el plan: ir a comer un bocadillo al parque del templo de Debod.
Cogimos el metro hasta Plaza de España, subimos por la Gran Vía, comprobamos que el bar en el que nos habían tomado un poco el pelo la primera vez que estuve allí estaba cerrado por bancarrota, compramos cada uno un bocadillo de calamares en otro sitio, nos los envolvieron individualmente... y caminamos hasta el susodicho parque.
Allí, nos sentamos en la hierba, comimos bien, dimos migas de pan a los gorriones, tomamos el sol, charlamos, recordamos los agujeros en el césped, se tomaron mal algunos de mis comentarios, Carmen leyó parte de mi libreta y usó mi mp3, Daniel se puso a escuchar el suyo...
Yo encontré una tapa de plástico de un bic, y fui a tirarla a la papelera. Cuando volví me dijeron que iba feliz hasta a tirar algo.
Como ya iba siendo algo tarde para seguir allí sentados, nos levantamos. Carmen y Daniel sugirieron ir al parque donde jugaban los niños, a columpiarse... pero estaban todos los sitios ocupados. Entonces ella recordó que podíamos ir en teleférico, y nos pusimos en camino.
Después de pagar los billetes, nos subimos a uno de los teleféricos. Por suerte para Daniel, iban despacio. La voz de Constantino Romero nos indicó todo lo que podíamos ir viendo en el trayecto, hasta que llegamos al monte y nos bajamos, para continuar con el plan inicial: ir a unos columpios.
En efecto, nos subimos a unos columpios, y también a unas setas y a un palo que daba vueltas, con las respectivas fotografías de las que ya dispongo.
Cuando se acercaban las 7:00, la hora del último teleférico, volvimos y lo tomamos, yendo por el camino para no pisar el césped.
Ya en el teleférico, Constantino Romero nos relató de nuevo todo, pero a la inversa. Daniel decidió que era buena idea saludar a los otros viajeros de la forma en la que hacen los reyes, y lo pusimos en práctica durante un rato. También nos sacamos algunas fotos con una barra en el medio, de forma que parecíamos separados.
Como nuestro plan para ese día se había agotado, y aún nos quedaban un par de horas libres a Daniel y a mí antes de ir a su residencia, caminamos hasta Moncloa. Carmen saltaba sobre unos pivotes en la acera mientras Dani y yo comentábamos cosas sobre las patas de los bancos.
Una vez allí, les dije que había un ascensor en el que se podía subir para observar la ciudad. No lo conocían:
-¿Va hasta el cielo?
-Sí, pero tiene paradas intermedias.
Fuimos a verlo, pero ya habían cerrado.
Pasamos cerca de la boca del metro, y continuamos por la calle Princesa hasta llegar a la plaza de España. Como ya eran las 21:00, Daniel y yo nos separamos de Carmen para ir a su residencia. Si íbamos más tarde quizá no me dejaban entrar.
Cogimos el metro, fuimos hasta Atocha, y allí subimos a un cercanías hasta Las Margaritas. Llegamos a la residencia, pasamos sin problemas, Daniel me enseñó dónde dormiríamos, un lugar limpio y acogedor; nos duchamos, cenamos, nos conectamos a internet unos minutos... y luego decidimos ir a dormir. Como el día había sido largo, no tardamos mucho.
El despertador estaba puesto para las 8:30 del día siguiente.
miércoles, marzo 19, 2008
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3 comentarios:
Me has mentido.
Decías que el tocho este no trataba sobre tu viaje a madrid.
no sos mas que un gallego pelotudo, andate con el pinche de su novio que les gusta darse por el culo
Mentir a la gente para que lea tu blog, cada vez llegar más lejos con tu spam, Brais Popes Pahedes!
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