sábado, octubre 24, 2009

Wimbledon

Para mi primo el politólogo llorica:

¡Centre Court!

lunes, agosto 03, 2009

Patatas extrañamente modificadas

Tal y como había prometido, traigo pruebas de mis afirmaciones anteriores. Probablemente, el que no esté ocupando el puesto vacante de lector sabrá de lo que hablo, pero si no sería mejor pulsar primero en ese enlace.

Lamento decir que he perdido una de las pruebas, concretamente la B, pero mañana lo arreglaré. Sin embargo, aquí están las patatas fritas con sabor a patatas fritas:

Concretamente, el contenido debería tener sabor a "Potato crisps", que parece ser lo mismo pero con otro nombre.

Y, por supuesto, como todos estaban esperando, algunas fotos de Londres en pleno centro:





Y eso es todo por hoy. Ahora debería dormir, que aquí las 23:00 ya es el equivalente a las 7 de la mañana en España.

No he vuelto, versión adaptada a los requerimientos de la Real Academia Española

Todavía estoy en Londres, y se me hace desagradable verme obligado a escribir sin tildes. En cuanto tenga mi portátil a mano lo corregiré todo.
Argh. Es que duele.

Tan sólo quería daros una noticia, mis ya desde luego inexistentes o en caso contrario extraordinariamente pacientes lectores: hoy he comido patatas fritas de bolsa con sabor a patatas fritas de bolsa. Lo peor de todo es que era un sabor artificial.

Así mismo, mis obtusos lectores, he comido nueces de Brasil. Dejan un regusto "picante" en la garganta, y van cargadas de selenio. Pero lo más importante es que las nueces de Brasil contienen frutos secos, tal y como me advirtió el paquete al mirarlo por la parte de atrás.

En cualquier caso, tuve la oportunidad de probar una tableta Snickers, o quizá tres o cuatro o cinco, y eso lo compensa casi todo. El chocolate con cacahuetes y caramelo ayuda a perdonar toda clase de excentricidades anglosajonas, que no inglesas: también quiero incluir a los escoceses. Tengo entendido que esos hombres fríen en mantequilla las tabletas de chocolate antes de comérselas, aunque quizá esos eran los irlandeses.

Esta noche, alguna foto como prueba de todo esto.

No he vuelto

Todavia estoy en Londres, y se me hace desagradable verme obligado a escribir sin tildes. En cuanto tenga mi portatil a mano lo corregire todo.
Argh. Es que duele.

Tan solo queria daros una noticia, mis ya desde luego inexistentes o en caso contrario extraordinariamente pacientes lectores: hoy he comido patatas fritas de bolsa con sabor a patatas fritas de bolsa. Lo peor de todo es que era un sabor artificial.

Asi mismo, mis obtusos lectores, he comido nueces de brasil. Dejan un regusto "picante" en la garganta, y van cargadas de selenio. Pero lo mas importante es que las nueces de Brasil contienen frutos secos, tal y como me advirtio el paquete al mirarlo por la parte de atras.

En cualquier caso, tuve la oportunidad de probar una tableta Snickers, o quiza tres o cuatro o cinco, y eso lo compensa casi todo. El chocolate con cacahuetes y caramelo ayuda a perdonar toda clase de excentricidades anglosajonas, que no inglesas: tambien quiero incluir a los escoceses. Tengo entendido que esos hombres frien en mantequilla las tabletas de chocolate antes de comerselas, aunque quiza esos eran los irlandeses.

Esta noche, alguna foto como prueba de todo esto.

sábado, mayo 02, 2009

i

i
Unidad imaginaria.
¡Pero eso no puede ser! ¡Lo definido no puede entrar en la definición!

Policía

Este miércoles a mediodía estaba yo solo en el piso, en Santiago.
Mi primo y yo habíamos planeado cocer un guiso, así que, mientras él no aparecía, fui pelando patatas y zanahorias, sacando los guisantes de la nevera y preparando la ternera en la sartén. Ni ajo, ni cebolla ni condimento alguno, excepto sal. ¡Está loco! Pensaréis. No, no. Es que, escondidas en algún oscuro rincón de ese horrible lugar, todavía tenía dos bolsitas de la, indiscutiblemente, mejor salsa del mundo. Por desgracia sólo la hay a la venta en Alemania... así que tendré que aguantarme sin ella un tiempo más.

Después de freir un poco la carne para dejarla dorada por fuera, esperé a que el agua estuviese caliente y la eché dentro junto con las zanahorias y los guisantes.
Me puse a esperar el momento de echar las patatas viendo la televisión. Gripe por aquí, gripe por allá... cambio de canal, gripe, cambio otra vez, gripe, voy a volver a cambiar... ¡y suenan todos los timbres del edificio! Uno detrás de otro. ¡Vaya! Debe de ser importante, pensé... así que me levanté y cogí el telefonillo.
-¿Sí?
-¡Poblicía!
-Eh... sí.
Y abrí. ¿Policía? ¿Habrá pasado algo?
Puse el ojo en la mirilla de la puerta. Los vecinos de en frente debieron de coger el telefonillo cuando yo abrí, así que también les entró curiosidad y abrieron la puerta un poco, para mirar por una rendija. No subían, pero empecé a oir ruidos abajo (vivo en un primero).
Qué raro...
Esperé medio minuto, seguía habiendo ruidos abajo, pero nadie subía, ni se movía el ascensor... así que cogí mis llaves, abrí la puerta, los vecinos cerraron la suya, y bajé a mirar. Era un cartero comercial llenando de folletos nuestros buzones.
Poblicía... o pobliciá, ¡dijo cualquier cosa menos publicidad!. Seguro que todo formaba parte de un astuto plan para que algún idiota le abriese el portal.

Por supuesto, el guiso quedó excelente. Y la mejor salsa del mundo se hizo en dos minutos. Donde esté ésta, que se quite el hambre.

miércoles, abril 29, 2009

Mi paraguas y yo

Mi paraguas siempre fue una especie de símbolo de mi identidad. A todas partes lo llevaba colgando del bolsillo, como uno de esos pájaros de pico gigante que se aguantan sobre la llema de un dedo.
Me había dado muchos problemas, pues muchos envidiosos trataban de robármelo en los vestuarios de balonmano. Jugaban con él, lo abrían en la ducha, le torcían una varilla, conseguían la marca de una mano en su espalda, me lo devolvían...

En general, mi convivencia con él era apacible, de gran amistad. Lo llevaba hasta en días de sol, por si se daba el caso de que ocurría algo no del todo malo.
Hasta que un día... llegó la hora de su jubilación, pero ni él ni yo lo sabíamos.

Ese día se puso a llover cuando caminaba con él por delante de la facultad de Farmacia, ¡y el anciano paraguas echó óxido sobre mi camiseta! Era la camiseta de House con la frase "It's not Lupus", así que, a pesar de que mucha gente deseaba una como ésa, no fue una gran pérdida (y además la lavadora arregló el problema), pues hace tiempo que dejé de ver su serie... ¡Pero había llegado su hora!

Si el paraguas sólo hubiese tenido algún agujerito por el que gotease un poco, si costase más trabajo del normal abrirlo, o cualquier otra cosa que no me afectase demasiado, no lo habría cambiado, pero ya era un paraguas inútil.

Llamé a mi padre y le pedí que me comprase otro.
Mientras tanto, utilicé uno de los grandes, que tenía mi primo en el piso.
Era azul, y parecía adecuado para mí.

Salí a la calle con él, volví a mirarlo y... resultó ser verde. Fue un poco sorprendente, pero al menos averigüé que la luz de mi casa es amarilla.
Luego empezó a llover, traté de abrirlo y... el mango se le soltó. Eso fue bastante decepcionante...